Despertarse en Zúrich no ha sido muy extraño. Acostumbrado uno como está a que en la Europa profunda no haya persianas, el hecho de que un sol resplandeciente como pocos días por estos lares haya presidido mis buenos días atravesando la dudosa opacidad de las cortinas tampoco me ha sorprendido especialmente, al contrario que la bondad climática.

Un primer paseo matutino por Zúrich me ha hecho recordar, poco a poco, mi fugaz paso por esta ciudad el pasado verano. Eso sí, las circunstancias eran tan dispares que, sirva como dato, la última vez que estuve por Suiza (sí, este verano), hubo cuatro días seguidos, en pleno agosto, en los que no dejó de caer agua. Y de todo tipo; como diría el sabio Forrest Gump: “Y hasta hubo un día que llovió de lado…”.

vista Zurich

Las primeras horas del día, que servían para aclimatarse a la ciudad, no eran sino el ínterin que había entre levantarse y acudir a las oficinas de Google en Europa. Allí, Eduardo Manchón, uno de los fundadores de Panoramio, había aceptado recibirnos para enseñarnos el lugar donde ahora trabaja su equipo tras haber sido comprado su excepcional proyecto por Google hace unos meses.

Así, a la hora acordada, después de llegar regularmente debido a las dudosas indicaciones de Google Maps (me meto con ellos sólo porque iba a sus oficinas y no me atrevo a decírselo a la cara, no creáis que por otra cosa), me encontraba yo atravesando una puerta con el mundialmente reconocido logotipo de Google. Y al entrar, un montón de colores. Y cojines. Y un tío jugando al billar. Y otro jugando a unas flipper. Y yo, flipando. Y una rubia secretaria que me atiende. Pregunto por Edu, me hacen fichar de forma más que curiosa (rellenando en un ordenador mis datos y los datos de mi “Host”, mi anfitrión”) y me dicen que espere a que baje y que, mientras, puedo echarme una partidita o algo si lo deseo. Casi ná.

A los pocos minutos, baja Eduardo. Me recibe y me dice que nos vamos a dar una vuelta por las oficinas de Google. Y eso hacemos. Y qué pasada. Es de esas cosas que hay que ver para creer. O, por lo menos, para darse cuenta de lo que eso supone para los empleados. Sí, obviamente tiene truco: cuanto más cómodo estés, más rindes, más horas tiendes a pasar allí… Vale, de acuerdo. Pero es impresionante. Comida, bebida, bollos, postres… Todo gratis y en cada esquina. “Cada 50 metros tiene que haber algo para comer”, me dice Edu. Montones de cubículos de lo más original para hacer videoconferencias (cabinas de funicular, iglús traídos directamente de la Antártida…); proyectores con Wii enchufadas; “guitarheroes” y gente aporreando la guitarra y la batería; salones de masaje; salas de relajación; más billares y futbolines; juegos alemanes (sí, gran ilusión encontrarme aquí con un montón de juegos de los que se han convertido en una de mis grandes pasiones); barras de bomberos, toboganes que conectan las plantas con el restaurante (no pude evitarlo y bajé, claro). Es el paraíso de los frikis.

oficinas google

Sobre todo, alucinas cuando te cuentan desde dentro cómo funciona todo. Una estructura sin jefes, “linuxera”, me aseguran. Se buscan sinergias, se hace y se prueba, cada uno se marca su horario y sus objetivos…

Visitar las oficinas de Google en Europa ha sido una experiencia fantástica, la verdad. Y comer con Eduardo, también. Es un tío cercano, simpático, divertido y muy claro. Además, compartimos tareas en común, y charlando con él se aprende rápido. Es curioso pensar que un psicólogo (sí, Eduardo lo es) y un periodista estén hablando sobre negocios e Internet en las oficinas europeas del mayor gigante de la industria cibernética.

entrada oficinas de Google


Oficinas de Google por pedroja

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Si tienes un rato, échale un vistazo a la entrevista con Eduardo Manchón. Merece la pena.


Oficinas de Google por pedroja

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Tras salir de Google, quise aprovechar el resto del día para recorrer las calles de Zúrich aprovechando el buen tiempo. La ciudad suiza es un lugar ideal para recorrer andando, paseando, moviéndose entre sus gentes. Y eso hice. De norte a sur, la ciudad ofrece muchos lugares interesantes que visitar. Ya os contaré, pero Zúrich es una ciudad dividida en dos lados por el canal. Al oeste, la zona antigua. Terracitas para tomar algo, restaurantes, tiendas típicas, iglesias, historia…
Al este,la zona financiera y comercial. Grandes edificios, tiendas de lujo, gente trajeada…

Y, al final, en medio, el lago. Zürichsee. Un lugar espectacular si tienes la gran suerte de disfrutarlo en día soleado, como ha sido mi caso. Los suizos se lanzan a la calle con los rayos de sol y las terrazas se llenan, las orillas del lago se abarrotan, el almuerzo se hace con vistas al agua…

Y, entre medias, los tranvías. Los tranvías en Zúrich sorprenden por su abundancia. Coches se ven pocos, eso sí. Según me han dicho, 300.000 habitantes viven en esta mediana ciudad en la que queda todo a mano.

Mientras paseaba por la ciudad e iba gorroneando de wifi en wifi gracias a mi iPod, qué invento, me suena el teléfono. Era Eduardo. Que si quedábamos a tomar algo por la tarde. Genial. Además, no estaba solo. Se nos unieron José Florido, compañero y parte también de Panoramio y Ana Belén Ramón, fundadora de Wolpy, un joven proyecto de viajes que acaba de ver la luz . Y nos fuimos a cenar al restaurante Zeughauskeller. Ya os diré dónde. Y charlamos y nos tomamos una cervecita.

Después, al hotel. A completar el día, que ha sido largo. A escribir esto y a prepararlo todo. Un día completo y magnífico. Gracias a Eduardo, a José y a Ana Belén por su tiempo y su compañía. Ha sido un verdadero placer.