Río Limmat por pedroja

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río Lemmat

Zúrich es la ciudad más grande de Suiza. Pero para hacernos una idea, me quedo con el dato de que viven aquí 300.000 almas. Obviamente, comparándolo con las grandes capitales, las cifras son muy pequeñitas. Eso sí, no he visto ni una sola grúa construyendo edificios por aquí. Están contentos con lo que tienen y no quieren más. Para qué.

Seguramente por eso, Zúrich es una ciudad muy interesante para el turista y que, dándose bien, se puede disfruta perfectamente en un par de días. Todo queda a mano y si el tiempo acompaña se puede llegar a todos los lados paseando o, en su defecto, en alguno de los cientos de tranvías que conectan todos los lugares conformando una de las redes ferroviarias no subterráneas más impresionantes que he visto jamás.

Situada al norte de Suiza, en la parte alemana, me aseguran por aquí que tampoco es tan malo el clima como la fama que tiene. El invierno se lleva bien y, a partir de estas fechas, es posible encontrarse de vez en cuando con días tan magníficos como los que yo me he encontrado.

Como se trata de una ciudad pequeña, su mayor encanto es perderse por sus calles, tomar algo en sus numerosas terrazas, admirar la belleza del río Limmat, acercarse a ver la soberana presencia de alguna de sus interesantes iglesias, recorrer el casco histórico dejándote hundir en las aguas de su historia, acercarse al Zurichsee…

Partiendo desde el norte, y en un solo día, se puede realizar un trayecto casi circular comenzando por el este, hacia el lago (en el sur) y regresando por el oeste.
En mi caso, mi hotel estaba cerca de Central, justo en el punto céntrico Norte, por lo que era ideal para comenzar este itinerario. Ya en Central se puede disfrutar de una hermosa vista de Zúrich. Con el río en el medio y la ciudad en las dos orillas, enfrentadas. Al fondo, si miras bien, se ve como el canal confluye en un hermoso lago que, desde esta distancia, sólo se intuye. Este primer lugar de la ruta no es más que un punto de encuentro. Un lugar de terrazas y restaurantes donde se puede partir hacia casi cualquier sitio de la ciudad, ya sea a pie o en uno de los muchos tranvías que por aquí pasan.

Cruzando el río, en un segundo se llega a Hauptbanhof, la estación principal de la ciudad y la más importante del país. Es importante destacar que la red ferroviaria de Suiza es excelente. Por esta estación pasan al día más de 350.000 pasajeros (que ya son más que la propia población) y se puede llegar al pueblo más remoto de los Alpes en un tiempo más que prudencial.

La estación es casi el único punto de Zúrich en el que el turista se da cuenta de que está visitando una ciudad de negocios. Eso sí, sólo si se está por allí a primera hora de la mañana o a partir de las 17 h, cuando la gente sale del trabajo y se forman regueros de biandantes trajeados o enfaldados (hay que ver lo que gusta el negro…) en dirección a la estación. Y es que mucha gente trabaja en Zúrich pero vive en otras ciudades y utiliza los trenes como en las grandes capitales se utilizan los trenes de Cercanías.

De este núcleo urbano parte la que se puede considerar la calle más famosa de Zúrich: Hauptbahnhof strasse. Una calle de esas de las de mirar y no tocar para el turista medio. Restaurantes lujosos, tiendas de moda y joyas, grandes bancos… Sorprende que este tipo de calles no esté poblada por enormes rascacielos. Pero es que aquí son suizos. Es lo que tienen. Medio ambiente, sostenibilidad y construcciones moderadas.
Es una de esas calles que hay que recorrer completas, hasta el final. Además, termina directamente en el lago. Eso sí, si tienes tiempo para recorrer la ciudad, puedes desviarte hacia Stauffacher Platz, en las cercanías del otro río de la cudad, el Sihl, o pasar por la calle del teatro Schalachtplatten donde, si hay suerte, verás a los jóvenes estudiantes de interpretación realizar prácticas sorprendentes y divertidas en la orilla del río.

Entre medias, no dejes de visitar una preciosa plaza, Lindenhof, que se encuentra en lo más alto de la ciudad y que te permite unas vistas fascinantes del lugar. Arbolada y bien orientada, es conocida también por las multitudinarias partidas de ajedrez gigante que tienen a bien celebrar los ciudadanos de la tierra. Un lugar muy especial. Uno de esos rincones para perderse.

Lindenhof

Si no, y antes de llegar al lago, no dejes de visitar alguno de los monumentos más interesantes de la ciudad: la iglesia de Fraumünster y la iglesia de San Pedro. Puedes cruzar por aquí al otro lado del río hacia el casco histórico, pero para continuar con nuestra ruta seguiremos calle abajo. En la iglesia de San Pedro se encuentra el que dicen que es el reloj más grande de Europa. Grande es. Hermoso, también.

Y al final de la calle, el lago. El Zürichsee es un lugar precioso si está soleado. Con las colinas verdes a los lados y los Alpes en el horizonte, es más que habitual encontrarse el lago lleno de veleros y navegantes. Mientras, las orillas, repletas de gente que sale a tomar el sol en cuanto tiene la mínima oportunidad. Llama la atención esa explosión de gente en las calles, ese hábito de comer un sándwich o un perrito en la calle al sol tan inhabitual en las ciudades españolas.

Otro detalle curioso de los suizos, hay que ver cómo son y que no se me enfade nadie, es que tienen la extraña manía de sentarse en las terrazas siempre mirando al tendido. Independientemente de cuántos sean. Vaya, que aquí lo de enfrentarse en las mesas no se lleva. Es como si les encantara ver la vida pasar. Curiosa su curiosidad.

En el lago, por cierto, puedes aprovechar para comer algo en el restaurante Santa Lucía, un italiano en el que, ciertamente, se come bien. Yo estuve con Jean-Philippe y la verdad es que degustamos un buen almuerzo. Ah, por cierto, te ponen como de aperitivo unos pimientitos en aceite. Si te pides pan y te da por echárselo, prepárate a agarrarte los machos. Eso pica como los mosquitos cabreaos…

Subiendo ya por la orilla este, lo mejor que puedes hacer es disfrutar del casco antiguo. De sus calles, de sus plazas, de sus comercios o de sus numerosos establecimientos para tomarse algo. Además, por ahí se encuentra la catedral de Grossmünster, otro lugar precioso en el que, además, puedes disfrutar de las estupendas vistas que ofrece el mirador que se encuentra justo pegado al río.
Desde esa zona y de vuelta hacia Central, no dejes de serpentear y moverte para disfrutar de las calles de Zúrich. Merece la pena.

Ah, claro, se me olvidaba (mentira; es para darle tensión dramática a la historia). Dónde cenar y dónde dormir. No hay nada como aprovechar las recomendaciones reales de la gente que vive en cada lugar para disfrutar de los mejores sitios de la ciudad. Por eso, cuando Eduardo, José y Ana Belén me dijeron que me iban a llevar a uno de los lugares más característicos de Zúrich me pareció perfecto. El sitio en cuestión tiene el cachondo e impronunciable nombre de Zeughauskeller y, a la hora de la verdad, es un típico restaurante local que, antiguamente, fue una armería que, por cierto, tiene muchísima historia. Además, es ideal para degustar unas cervecitas (la flambeada es la estrella, especialmente para los japoneses y sus cámaras) y unas salchicas con Rösti (deliciosa forma suiza de elaborar la patata).

foundue

Otro de los restaurantes que he tenido la suerte de disfrutar se llama Santa Lucía. Es un restaurante italiano que se encuentra muy cerquita del lago y que tiene una pequeña terraza para cuando se está bien en la calle. La comida está bastante buena, atienden muy bien y el precio es suficientemente asequible para saber dónde se encuentra uno.

Y como última recomendación, un típico suizo. No me podía ir de aquí sin tomarme una Foundue. Aunque para uno sólo es algo raro y empalaga un rato, lo cierto es que estaba exquisita. El sitio donde la degusté se llama Swiss Chuchi y es un restaurante que se encuentra en la calle que sube por la orilla este desde el lago hasta Central, en la hilera de restaurantes que se entremezclan, sorprendentemente, con clubes de sospechosa actividad nocturna.

Y para dormir, os puedo recomendar el Hotel Leoneck. Si lo que buscas es un hotel asequible, bien situado y cómodo, te vale. Eso sí, no le exijas mucho. El Hotel Leoneckes un tres estrellas y es justo lo que es. Habitaciones normales, sin grandes lujos, todo algo antiguo y vacas. Sobre todo, muchas vacas. Es lo que más sorprende.