Cada día que paso por aquí, Londres me fascina un poco más. Está claro que mis sensaciones están un poco pervertidas por el hecho de que las dos veces que he estado por aquí en mi vida ha hecho un tiempo de lo más agradable, pero es que es una ciudad que ofrece tantas cosas por hacer que uno se siente cómodo. Feliz de estar aquí.

El sábado es un día de mercadillos. No es que no se pueda ir otro día, pero es el ideal. Por eso, por la mañana me acerqué hacia el Borough Market, un mercado tradicional de comida. Un sitio que te sorprende nada más entrar. Lleno hasta arriba de gente, pasear entre los puertos es dejarte llevar entre una curiosa mezcla de ruidos y olores. Quesos, embutidos, frutas, panes… Si te vas a última hora de la mañana, puedes comer por allí sin ningún problema, o tomar algo. Además, por dentro está lleno de muestras, por lo que según vas paseando vas tomándote un aperitivo.
Es un lugar más que interesante porque recuerda a los mercados medievales. A la gente tocando y probando. A los vendedores reclamándote. Date una vuelta por allí y verás por qué merece la pena.
Además, el mercado se encuentra muy cerca del London Bridge y del puente de Londres, y está muy bien comunicado.

Estando allí, recibí la llamada de Raquel González. Iba a hacer un pícnic con su familia y amigos en Hyde Park y fue tan amable de invitarme. Me apetecía mucho charlar con Raquel porque, tras realizar un MBA en Estados Unidos, ahora estaba trabajando como responsable de los Product Manager de una de las secciones de Amazon en Gran Bretaña. Y, la verdad, conocerla fue un auténtico placer, al igual que conocer a su marido, a su precioso hijo y a un grupo de amigos (españoles, argentinos y brasileños).
Allí, entre sandwichs y pañales, entre risas y llantos de bebé, pasamos un rato agradabilísimo en el que, además, charlamos mucho. De Internet, de los MBA, de los negocios, del talento, de las razones por las que una española ha de irse a trabajar a Londres para labrarse una carrera prometedora, de la vida en Londres, de la mejorable atención sanitaria en la capital británica… Y hasta hablamos de una vuelta al mundo muy parecida a ésta que realizaron Raquel y Patxi,su marido, hace unos años.

Después, como aún era pronto, me fui al mercadillo de Portobello pasando antes por el Royal Albert Hall, que estaba más o menos de camino. Portobello es uno de los mercadillos más famosos del planeta, si no el que más. Y, curiosamente, a mí es el que menos me gusta de Londres. No sé la razón, pero no me llama mucho la atención. Quizá es porque, en general, está centrado en antigüedades, y a mí me interesan menos. Pero, aún así, la visita a este lugar el sábado por la tarde tiene que estar fija en tu agenda. Portobello es un continuo transitar de gente para arriba y para abajo, de puestos a la derecha y a la izquierda, de ruidos, de cafés en las manos, de frutas, de cámaras de fotos y de turistas.

Yo en Portobello
Portobello road

Ah, por cierto, el mercadillo lo cierran a las cinco. Aunque, incluso, desde las cuatro y media están quitando ya los puestos, así que vete antes pero a sabiendas de que puede haber más gente que si repartieran jamón gratis en la Puerta del Sol de Madrid. Porque en Londres, una de las cosas que más sorprende al visitante, es la cantidad de gente que hay en cualquier sitio. Es una cosa… Yo no sé dónde se meten, pero estoy seguro de que si consigues estar solo en alguna calle por aquí seguro que te dan un premio.

De Portobello me volví un rato al hotel a seguir preparando las cositas de por aquí. Que no son pocas. Además, después había quedado con Matthew Donegan en London Bridge para tomar algo. Matthew es un tío encantador. Trabaja para Teletexthollidays, un medio de comunicación británico (así lo define Matthew) bastante importante. Y es un apasionado de la cultura española. Además, sigue mucho el sector turístico online y contactó con nosotros cuando se enteró de esta aventura.

Y la verdad es que la noche fue fantástica. Me llevó a la zona de Southbank, que parte desde London Bridge y llega hasta la zona de la noria donde, por cierto, pudimos ver unas preciosas imágenes del Big Ben de Noche. Se trata de un paseo absolutamente recomendable que no te puedes perder por Londres. El río a la derecha y unas espectaculares vistas de la ciudad a ambos lados. Además, entre medias, un montón de restaurantes y bares. Entre ellos, el pub Founders Arms, donde nos tomamos una pinta disfrutando del lugar. Impresionante aunque, eso sí, hasta arriba de gente.

Si sigues avanzando remontando el Támesis, te irás encontrando con un ambiente fantástico. Todo ese camino está abarrotado, por si fuera poco, de galerías de arte, etc. Por lo que hay un ambiente bohemio la mar de agradable, músicos callejeros… Y, en medio del camino, me dice Matthew: “Vas a flipar, vamos a subir aquí”. Oxo Tower es un lugar en el que hay, en el ático, un restaurante y un bar con una de las mejores vistas de todo Londres. No cenamos allí porque, la verdad, estaba repleto. Pero las vistas que había eran impagables. No hay nada como recorrer una ciudad con alguien que te descubra rincones.

Seguimos paseando y, finalmente, terminamos en la zona de Trafalgar Square. Otro lugar mítico en Londres. Estuvimos paseando un poquito más y llegamos a un restaurante que conocía Matthew llamado Med Kitchen. Comida mediterránea. Y allí que fuimos. Una pasta exquisita y un buen precio para ser Londres ya que pagamos unas 30 libras para los dos.

Restarante Med Kitchen

La cena fue de lo más agradable. Matthew es un tío con el que se puede hablar de muchas cosas: de su pasión por España, de fútbol, de Internet, de turismo…

Te dejo aquí la entrevista que realizamos en plena Leicester Square.


Entrevista a Matthew Donegan por pedroja

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Y, luego, a coger de nuevo el ;etro. El “London tube” es algo que merece un análisis particular. Vale, tienen el mérito de impulsar la revolución industrial, de ser los primeros en convertir al ferrocarril en lo que es, de desarrollar una espectacular línea de metro en una ciudad como Londres… Pero, seamos serios, el metro de Londres está que se cae. Como son como son, las estaciones son las mismas que en los finales de 1800 y, claro, como que se nota. Los vagones están sucios. Pero sucios, sucios: latas de bebida, periódicos… Como esos días en los que en España hay huelga de limpieza, pues igual pero constantemente. Las luces de los vagones se apagan y encienden intermitentemente en cada túnel… En fin, que una pena. Y, luego, además, la red es de lo más liosa. Andenes usados por trenes de distintas líneas, paradas inesperadas que te hacen bajar y cambiar de dirección… ¡Y encima es carísimo! Imagino que aquí aún no han tenido la brillante idea de usar el Metro como arma electoral. En Madrid, al menos, eso ha funcionado…

En fin, otro día menos en Londres y otro día más de experiencia vital. Otro buen puñado de lugares recorridos y, sobre todo, otro buen puñado de personas interesantes conocidas. Así da gusto. Muchas gracias a todos por su excepcional recepción.