Las Vegas

Lo sé, la película es “leaving”. Pero yo, antes de irme, tenía que vivirlo. Y no como Nicolas Cage… que lo mío era más tranquilo, otro rollito.

Ya estoy en Estados Unidos. Aquí todo cambia. Hasta ahora, he visitado ciudades por países. Aquí no. Aquí visitaré ciudades por Estados. O casi. Que Los Ángeles y San Francisco lo comparten. Pero todas bajo una misma bandera. Con una misma lengua. Con una misma moneda. Se acabó el rellenar los molestos formularios de entrada a los países.

Y qué decir de Las Vegas. Que es el segundo parque temático convertido en ciudad que visito en este viaje, después de Singapur. Y que merece la pena conocerlo. Seguramente hay mucha gente que dice que para qué quiere ir a un lugar como este si no le gusta el juego. Pero es que es un espectáculo de sitio. Continuo. Una ciudad pensada para el turista y el visitante, no para sus habitantes.

Desde México, tomé un avión que tras un fugaz paso por Dallas me llevó a Los Ángeles. Allí, alquilé un coche. Este viaje dejaba de ser una aventura solitaria. Pocos minutos después estaba de viaje en coche hacia Las Vegas, como en una típica “road movie” americana.

Cuatro horas y pico después, tras atravesar el desierto y alucinar con el paisaje, ya de noche, las luces de la ciudad me recibían con todo su poder lumínico.

A la mañana siguiente, el sol, justiciero, presidía la escena. Uno tiene entendido que Las Vegas está en pleno desierto, pero no se lo termina de creer hasta que lo ve. Y hasta que lo siente. Caminar por la ciudad durante el día es una misión casi imposible. Eso sí, la luz que ofrece el día es impresionante. Los hoteles más modernos, con la luz del sol, brillan como si estuvieran recién lavados y abrillantados. Y hasta las nubes parecen de cartón brillante. Es como si todo estuviera preparado para que el visitante se sintiera en una burbuja.

En Las Vegas sólo hay una cosa: hoteles de lujo y casinos. The Strip. Las Vegas Boulevard es la calle principal. Y casi la única. Varios kilómetros de asfalto escoltado a ambos lados por impresionantes resort hoteleros que, en su interior, tienen todas las comodidades para que, en realidad, los visitantes no sientan la necesidad de abandonar su complejo.


Las Vegas Boulevard por pedroja

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Pero lo cierto es que lo suyo, una vez que uno está por allí, es ir de hotel en hotel. Porque no son hoteles al uso. Son auténticas atracciones en sí mismas. Son miniciudades. Con sus espectáculos propios, con sus restaurantes, con sus casinos, con sus tiendas, con sus piscinas, con teatros…

Una buena forma de darse una primera vuelta que sirva de toma de contacto es ir conduciendo por Las Vegas. O, si no, aparcar al principio y caminar de uno a otro. De hecho, la mayoría están conectados por dentro o por pasarelas exteriores.

Como ves, yo me acerqué en coche, pero recuerda que siempre puedes encontrar vuelos a Las Vegas de forma rápida, sencilla y barata.