Es increíble lo rápido que pasa el tiempo. Parece mentira que hace nada estuviera por aquí contando que estaba muy cerquita de tomar el primero de los vuelos que me iba a llevar a recorrer el planeta y que hoy ya haya regresado.

Hoy me apetece hacer algo así como un resumen de la aventura. Por si alguien se incorpora tarde y porque, así, mantengo frescos los recurdos; esos que se almacenan en cierta parte del cerebro y que, si no se estimulan, se terminan quedando a un lado entre tanta información. Y estos recuerdos no los puedo perder nunca. No los pienso perder. Jamás.

Ciudad 1: Zúrich

Todo empezó en Zúrich. Primera escala. Primer vuelo. Primera ciudad. Y las primeras experiencias. Buen tiempo y una ciudad que, iluminada por el sol, invitaba a pasear por ella. A hacer turismo en Zúrich. A esquivar tranvías y a ver el sol brillar en el río. Allí, además, tuve la suerte de poder acercarme a las oficinas europeas de Google y hacer una entrevista a Eduardo Manchón, de Panoramio. También pude conocer a José Florido y a Ana María Ramón, de Wolpy. Y quedé para charlar con nuestros socios de monnuage. Unos días la mar de completos que pude aprovechar al máximo antes de partir hacia la segunda escala, la capital del Reino Unido.

lago de Zúrich

Ciudad 2: Londres

Mi paso por Londres fue espectacular. Seguramente, sea uno de los sitios que más me haya llenado de todos los que he visitado. Lógicamente, influye el hecho de que el tiempo que tuve en la ciudad británica fue tan bueno como inhabitual. Y, por supuesto, la gente. En Londres no paré de encontrarme con gente. Recuerdo mi paso por allí como de un ajetreo constante. Apenas paré en el hotel. Turismo, entrevistas, más entrevistas… Apenas tuve un minuto para descansar pero lo cierto es que aún no lo necesitaba. Y el esfuerzo mereció la pena. Pude conocer a gente estupenda y aprender un montón de sus emprendimientos y de su forma de ser.

Pude hacer entrevistas en Last.fm y WAYN, acercarme a los mercadillos de Londres y entrevistar a Raquel, de Amazon y a mi nuevo amigo Matthew (un crack que me escribió durante el viaje continuamente para darme ánimos y envidia al contarme que estaba animando a España en Viena como un español más); pude conocer a Rubén y a Javier de Nestoria y a Raúl, de Yahoo, con quienes pasé una jornada fantástica y quienes han seguido esta aventura desde entonces, viví un domingo cualquiera por allí… Y me llevé en mi maleta unas sensaciones impagables sobre esa ciudad que aún perduran.
Noria de Londres

Ciudad 3: Bangkok

Del buen rollo de Londres di el primer gran salto del viaje. Doce horas de avión en un vuelo nocturno que me llevó a un continente que nunca había visitado: Asía. Y a un país que no dejó de sorprenderme: Tailandia. Recuerdo mi primer día por Bangkok como uno de los más especiales de todo el viaje. Recuerdo tener una sensación en el cuerpo como de sorpresa constante. De tener los pelos de punta. De darme cuenta de verdad de dónde estaba y de lo que estaba haciendo. Visitando el Gran Palacio, paseando sólo y en barca por el río, viendo templos espectaculares o montando en tuk-tuk bajo el diluvio. Y, cómo no, con Rosario. Una de esas personas que uno sabe que no encuentra todo los días y con la que pasé unos ratos inolvidables paseando entre mercadillos nocturnos, esquivando coches y sorteando zanjas en el suelo mientras nos perdíamos en alguno de los muchos centros comerciales que contrastan con la realidad social de las calles, con la otra cara de Bangkok.

Eso sí, para ser sincero, me fui cansado de Bangkok. Entre que a los dos días empecé a arrastrar el cambio horario y que uno termina algo loco por el enorme caos circulatorio y por el cierto estrés que produce ir paseando solo por esas calles, me fui pensando que creo que no tendría el valor que tiene Rosario para quedarse a vivir por allí.

templo Bangkok

Ciudad 4: Hong Kong

Mi primera intención era haber ido de Bangkok a Singapur y luego a Hong Kong para después terminar la gira asiática por Tokyo. Sin embargo, por problemas “logísticos”, no fue posible. Así, desde Tailandia avancé hacia el este y aterricé en Hong Kong. Que se supone que es China pero que tampoco. De Hong Kong tengo un buen recuerdo. El hecho de que todo estuviera en inglés también ayuda. Y si encima encuentras a gente tan maja como Miquel y Nuria, que te orientan, te ayudan y te llevan a sitios geniales, pues todo es mucho más sencillo. Además, me llevo en la mochila una de las mejores excursiones que he realizado en este viaje, la del Buda Gigante. También me acuerdo mucho de las fabulosas vistas que hay desde The Peak y del skyline de Hong Kong desde el paseo de las estrellas. Vamos, que me gustó Hong Kong.

the peak

Ciudad 5: Singapur

Pensar en Singapur se me hace extraño porque no sé bien cómo definir este lugar sin volver a repetir que es como una especie de parque temático hecho país. Pero es que es lo que tengo en la mente. Y, sin embargo, es uno de esos sitios visitados a los que sé que volvería y no me importaría, incluso, pasar por allí un tiempo viviendo. Imagino que a ello contribuye el hecho de que conocí por allí a un buen grupo de españoles que me lo hicieron pasar en grande, como Miguel García. Además, pude conocer personalmente a Wally López y descubrir lugares chulos para el turista como la isla de Sentosa o el Safari nocturno.

sentosa

Ciudad 6: Tokyo

Seguramente, Tokyo era una de las ciudades que más ganas tenía de conocer. Imagino que por lo exótico, por lo diferente, por lo legendario. Y no es que me decepcionara, pero se puede decir que me abrumó. Es una ciudad enorme y su cultura es tan diferente que pasar por allí, solo, cuatro días, es como sentirse un extraterrestre. Menos mal que estuve en magnífica compañía en la quedada española en Shibuya y puder disfrutar de una gran noche con Kirari, nuestro gran amigo David Esteban, Alain García o ungatonipon. Pero, vamos, que no es que no me gustara, eh. De hecho, fue fantástico pasear y quedarse loco por el barrrio de Akihabara y, además, uno de los mejores momentos de estos dos meses fue, sin duda, la puesta de sol en Odaiba.
odaiba

Ciudad 7: Río de Janeiro

Llegar a Río no fue fácil. De hecho, creo que fue uno de los días más duros de mi vida y, seguro, el más largo. Un cambio de continente que me exigía un viaje casi interminable y, cuanto menos, paradójico. Salí a las 18 horas de un jueves de la capital japonesa y, doce horas de avión después, llegué a Nueva York a las 18 horas del mismo jueves. Tres horas de espera y otro vuelo a Sao Paulo de 10 horas de avión. Otra hora y pico más, y el último vuelo a Río de Janeiro. 34 horas después que, a efectos reales tras los cambios horarios, eran sólo unas 15 horas. Y mi cuerpo, que ya arrastraba cierto desfase horario, adaptándose. Afortunadamente, lo hizo a base de Rodizio. Porque no de sol y playa. En Brasil me llovió constantemente pero, al menos, me respetó dos grandes momentos que me llevo como de los mejores que he vivido en este viaje y en mi vida: la visita a la favela de “A Rocinha” y la excursión al Cristo de Corcovado, una de las bellezas naturales más increíbles que jamás he visto.

Cristo de Corcovado

Ciudad 8: Santiago de Chile

De Santiago de Chile, lo primero que recuerdo es agradecer volver a hablar en castellano. No sé, como que uno lo echa de menos. Y lo segundo, y más importante, lo de casi siempre: la gente. En Santiago tuve la suerte de haber hecho verdaderos amigos nuevos. Gente emprendedora, joven, apasionada y agradecida. Gente como Nico, Camilo o Andrés, como Leo Prieto o a los chicos de Needish, que luego me ayudaron también por San Francisco. Por lo demás, no me hizo buen tiempo en la ciudad chilena como para poder disfrutar mucho de ella. Sus calles más céntricas, eso sí, me recordaban al Madrid donde crecí. Me quedaron ganas de poder disfrutar de la espectacular cordillera andina en un día soleado. Habrá que volver…

santiago de chile

Ciudad 9: Buenos Aires

Desde que he vuelto, cada vez que alguien (amigos, familiares, blogueros, algun medio de comunicación…) me pregunta que qué es lo que más me ha gustado del viaje, siempre que tengo que decantarme por una ciudad lo hago por Buenos Aires. Me fascinó. Quiero volver. Tengo que volver. Porque, además, pese a que me dejó emotivas sensaciones, no pude disfrutar de sus calles y de su vida al máximo. La razón, la fantástica gente que conocí y que me llevó a conocer a otros aún más increíbles. Mi estancia en Buenos Aires fue como si hubiera asistido a un máster en versión zip. Comprimido. Enlatado. Fugaz pero intenso. Aprendí en cuatro días más que en ciertos años lectivos. Y lo fue gracias a Julián Martínez y a Jordi Castelló (unos auténticos cracks junto a sus respectivos equipos y pareja), a Alec Oxenford, a Vanina, a Mariano Amartino, a Juan Pablo Sueiro… Y a la inestimable ayuda de Martín que me permitió dar una conferencia en CEMA y una charla en Nueva Escuela.

barrio de la boca

Ciudad 10: México DF

Desde Buenos Aires, otro largo viaje hasta México Distrito Federal. La capital mexicana es una ciudad enorme. Como tuve la suerte de estar alojado en una buena zona, en el centro, tampoco viví demasiado los tópicos sobre el caos, la inseguridad… Lo cierto es que mi paso por allí fue bastante tranquilo (salvando mis problemas de conexión a Internet. A partir de aquí fue como si agarrara una especie de infección cibernética que me complicó mucho la transmisión de datos). Y me llevo una gran noche con los twitteros mexicanos gracias al excelente anfitrión Raúl Ramírez, unas conversaciones interesantísimas con Nadia Molina y conocer algunos lugares fantásticos como el centro histórico de México o Coyoacán.

plaza del zocalo

Ciudad 11: Las Vegas

Para llegar a Las Vegas tuve que parar primero en Los Ángeles. De paso para luego volver. Allí alquilé un coche (típico americano, bien grandote) y me embarqué en mi particular “road movie”. A cuatro horitas de carretera está la ciudad del juego. Y de Las Vegas, aunque pudiera sonar raro en un viaje con tantos sitios visitados, me llevo un buen recuerdo. Es un sitio que, por raro, es interesante y atractivo. Cierto es que no me llama la atención volver. Para nada. Pero creo que hay que conocerlo, meterse en uno de los muchos hoteles con parque de atracciones incluído y dejarse llevar un poco por el ambiente. Además, Las Vegas tiene algo muy interesante: está cerca (volando, claro) del Cañón del Colorado. Espectacular sobrevolarlo en helicóptero.

Las vegas

Ciudad 12: Los Ángeles

Seguramente, el sitio más decepcionante de todos los que he visitado. Y eso que tiene cosas chulas. Su problema es que, en realidad, no es una ciudad. Son muchas distintas y unidas por enormes autopistas. Así que todo, absolutamente, hay que hacerlo en coche. Además, lugares como Hollywood son bastante tristes a la hora de la verdad. Pero, bueno, que luego hay zonas que molan como Venice, Long Beach o Santa Mónica. Y gente la mar de maja como Carlos Sánchez.

Venice

Ciudad 13: San Francisco

El cambio de Los Ángeles a San Francisco fue bastante notable. De ahí que yo diga que San Francisco no es California. Es una ciudad de lo más agradecida para el turista. Mucho más pequeña de lo que uno se imagina de tanto verla en el cine, pero con cosas súper interesantes que ver. Además, tras el intenso calor de Los Ángeles y Las Vegas, venía bien ese fresquito de por las tardes. Además, con esto de que San Francisco es la meca de la tecnología, pude conocer a gente de lo más interesante. Empezando por Juan Pablo Puerta (un crack de anfitrión), y siguiendo por Oskar de Needish, quien en mi paseo por Silicon Valley, me presentó a Wenceslao Casares, fundador de Patagon, o por Rogelio Bernal.

bahía de san francisco

Ciudad 14: Miami

La penúltima ciudad a visitar era Miami. Otro viaje larguito para cruzar, de costa a costa, Estados Unidos. Y la verdad es que no puedo guardar muy buen recuerdo de Miami. No tuve muy buena suerte: un primer hotel en el que lo pasé realmente mal y mi MacBook destrozado tienen la culpa. Además, Miami es un lugar enorme en el que es difícil moverse sin coche. Pero, vaya, que me llevo también haber conocido South Beach y algún que otro lugar chulo y, cómo no, a la gente. Como Marcelo Rivero. Pero si tengo que comparar Miami con algo, es con Los Ángeles.

ocean drive

Ciudad 15: Nueva York

La Gran Manzana. Sin duda, la ciudad que más ganas tenía de conocer. Y con razón. Nueva York es una ciudad espectacular. Y pese al estrés por no tener ordenador, mi recuerdo del final de viaje será inmejorable. Se trata de un lugar en el que dan ganas de vivir. Además, contactando con gente como Federico, Manuel o Ángel todo es más fácil. Pasear de noche por Nueva York, o subirse al ferry para la Estatua de la Libertad o caminar por el corazón de Manhattan es una forma fantástica de terminar una aventura de este calibre.

skyline nueva york