Uno de los grandes placeres para el viajero es ir descubriendo las delicias locales de cada lugar que visita. Vale, no he comido grillos, escorpiones ni nada por el estilo, pero sí que he intentado ir comiendo lo más típico de cada lugar y poder disfrutar así de una de las muestras culturales más relevantes de cada país visitando restaurantes.

En Zúrich, la comida más común es la alemana: salchichas, ensaladas variadas… Y uno de los platos más famosos es, sin duda, la fondue. Para lo primero, no puedes dejar de conocer Zeughauskeller. Es un sitio muy turístico, pero es de esos que nos encanta a todos: enormes jarras de cerveza y salchichas gigantes. Para lo segundo, te recomiendo Swiss Chuchi.

swiss chuchi

En Londres cierto es que en el ámbito culinario la cosa está más complicada. Y es que es cierto que la comida local no es especialmente sabrosa. Sin embargo, yo voy a levantar la voz para desmentir eso de que en Londres se come fatal. Más que nada, lo que voy a hacer es matizarlo: se come fatal si no te gusta la comida rápida o internacional. Porque lo que la capital británica ofrece es un surtido espectacular de restaurantes de lo más variados. A mí, que me encanta comer bocadillos paseando por la calle, eso de encontrarte una tienda de “ultramarinos” en cada esquina como que me encanta. O comer en Chinatown… O flipar con el espectacular restaurante Taro.

restaurante taro

En Bangkok uno está en uno de los templos de la comida internacional. Al menos, para mi gusto. La comida tailandesa ha sido, seguramente, el gran descubrimiento de mi viaje. Creo que es la más sabrosa que jamás he probado y creo que ha generado en mí una especie de adicción fatal. Esa mezcla de comida oriental tradicional (arroz, noodles, verduras…) con lo tropical (piña, curry, cacahuetes…) es espectacular. En Bangkok, si te la quieres jugar, la calle está llena de puestos que te venden comida. Si eres más de restaurantes, los tienes baratos y de gran calidad. Yo disfruté mucho, por ejemplo, en Ban Khun Mae o en Ad Markets, con música en directo.

restaurante ad markets

Hong Kong es otro lugar para comer bien. De hecho, realmente es que en Asia se come bien. Tengo un grato recuerdo estomacal de mi paso por este continente. Comida ligera y sana. Vale, es verdad que no es variada y que, por eso y porque uno termina siendo ya un gordo psicológico, al final terminas comiéndote entre medias un hamburguesote, pero realmente comí bien por allí. En Hong Kong lo más habitual es comer Dim Sum, aunque yo no pude probarlo. Es algo así como salir de tapas y a mí me faltaban compañeros de juerga por aquellos lares. Porque con Miquel y Nuria, mis anfitriones, me llevaron a otro par de lugares fantásticos. Un japonés con vistas y un sitio típico de comida local que fue espectacular. Recomiendo especialmente ponerse morado a tallarines de todos los tipos y colores.


Restaurante japonés Kio Hachi por pedroja

En Singapur tampoco se come mal, no. Sobre todo por la mezcla. Allí se junta lo chino con lo tailandés, con lo malayo, con lo indio e incluso con lo occidental. Por eso te puedes tomar de todo. Uno de los mejores sitios es la zona de Lau Pa Sat, donde te puedes tomar unos buenos satés y algun que otro plato impresionante e inesperado, como la raya.

restaurante tailandés singapur

En Tokyo uno sabe que tiene que tomar sushi. Aunque no lo haya hecho nunca (bueno, ciertamente lo probé por primera vez en Hong Kong). Pero si además te llevan a un sitio tan espectacular como el Waraziya no puedes hacer otra cosa que no sea alucinar. Otra cosa que hice así un poco al azar y que terminó resultando de lo mejorcito fue meterme en pleno barrio friki de Akihabara a comer lo que después me enteré que era Ramen. Yo sólo vi que allí había mucha gente trajeada comiendo, que había una máquina en la que, estando todo en japo, había que dar a un botón para que te saliera un ticket, y lo hice. Y estaba buenísimo.

ramen en Tokyo

El salto de continente fue también un salto dietético. Pasé de comer bastante sano a ponerme como un gorrino, básicamente. A partir de Brasil, empecé a comer en cantidades industriales. Eso sí, estaba todo riquísimo. En Río de Janeiro lo más común es comer rodizio. Más bien, ponerte ciego a rodizio. Buffette libre de carnes, arroces, pastas, ensaladas… Y todo sabrosísimo. Sin duda, si tengo que recomendar un restaurante por allí es sólo para valientes: el restaurante en la favela. Absolutamente recomendable.

restaurante en la favela

No creáis que en Santiago de Chile frené el ritmo. Allí lo más habitual son las carnes, así que allá que fui. Además, como siempre iba bien acompañado, me llevaron a algún que otro lugar especial. Me encantó el Bar Restaurante Liguria, un sitio fantástico para salir por la noche y tomar una cerveza acompañada de un buen sándwich.

restaurante liguria

El tema es que fue llegar a Buenos Aires y ya la cosa se puso tremenda. Lo de la carne allí es de órdago. Bifes de chorizo, filetes de todo tipo… Espectacular. Tuve la suerte de ir además siempre con tan buena gente que, además, las veladas fueron increíbles. La comida argentina es apoteósica. Por ejemplo, en el Spettus (mezcla de argentina con brasileña).

spettus

México es otro lugar fascinante para el buen comer. Uno se podría estar toda la vida comiendo burritos, tacos, fajitas o quesadillas. Y eso hice… Lo mejor por allí es lanzarse a comer en alguna cantina pequeñita de las muchas que uno se encuentra. Otra buena opción es sentarse en un restaurante algo más caro, como La Calle. En definitiva, si te gustan las tortillas y todos sus ingredientes habituales, el DF es un lugar en el que degustar buena comida.

restaurante la calle

Ya en Las Vegas uno puede comer lo que más le apetezca. Como cada hotel es casi como un país y dentro de él intentan ofrecerte lo más típico del lugar, es más que nada cuestión de apetencia. Lo mejor que me tocó a mí por allí fue el restaurante Trevi, en el Caesar Palace. Está claro que es un fake, pero mola estar ahí cenando como si estuvieras en Roma y, además, con unos platos que no tienen nada que desmerecer.

restaurante trevi

En Los Ángeles, curiosamente, todos me decían que lo más tradicional es la comida mexicana. De todas formas, la oferta gastronómica de la ciudad es muy alta, así que puedes tomar de todo. A mí me gustó mucho el Sidewalk, en el paseo marítimo de Venice. En plan comida rápida y tal, pero bastante rico y no demasiado caro para estar en primera línea de playa. Además, el paseo está muy animado y siempre hay alguien cantando o con algún espectáculo chulo.

restaurante sidewalk

En San Francisco es donde ya se puede decir que comenzó mi dieta típica americana: grasa por todos los sitios, hamburguesas enormes, tartas de queso gigantes… Eso sí, para variar un poco y gracias a Juan Pablo Puerta, pisé un restaurante vegetariano (así la conciencia se quedó algo más tranquila). Además, era de lo más original. Un sitio espectacular llamado Weird Fish.

weird fish

De ahí me cambié de costa y fui hacia Miami. Allí lo más típico es la propia comida americana y, cómo no, también la cubana. Uno de los sitios que más me gustó está en Ocean Drive y es uno de esos lugares mágicos que abren 24 horas. No sé qué tienen, que me encantan: el Jerry’s. Y un lugar así en plan franquicia que me gustó un montón fue Bubba Gump. Una pasada.

jerry's

La última parada, Nueva York, es otro de esos sitios, como Londres, en los que puedes encontrar para comer todo lo que desees. De todo tipo y a cualquier hora. No pudes dejar de comer hamburguesas gigantes, pizzas italianas, alitas de pollo… Eso sí, verás que en todos los sitios te dirán que son las mejores del mundo. O las más grandes del mundo. O las más típicas del mundo. Siempre son algo de lo más y algo del mundo. Yo voy a recomendar un chino espectacular y famoso, el Nyonya, y un sitio con unas hamburguesas tremendas: Silver Spurs, en el Soho.

silver spurs