Petra

Si durante la noche el visitante ya se da cuenta de que está en un lugar especial, recorrer esto durante el día es una experiencia que hay que vivir. Para que el día cunda, sobre todo yendo en diciembre, que atardece a las 16:30, hay que madrugar y bajar pronto hacia Petra.

La entrada a Petra tiene dos caras. La primera, la típica de todo acontecimiento turístico: esperar una cola y cortar la entrada. La segunda, la de verdad. La de encontrarte bajando junto a un reguero de gente por un camino serpenteante rodeado de enormes paredes naranjas, rojas, amarillas… Ya me había avisado Juan Luis de que ver Petra de día después de haberlo visto de noche era algo irrepetible. Y no se equivocaba. Verdaderamente, desde el principio, la cosa promete.

Para los menos dispuestos a andar, siempre se puede montar a caballo o bajar en burro, pero realmente pierde un poco la gracia. Todo el camino en dirección al Siq es cuesta abajo (la vuelta, obviamente, será otro cantar).

Y ahí está el Siq. Un lugar asombroso. Una verdadera garganta que te deja sin aliento por su belleza. Un estrecho camino, sinuoso, que va intercalando luces y sombras, recovecos… Una especie de túnel descapotable que te muestra todo aquello que durante la visita de noche se intuye y que provoca una especie de adicción a empuñar la cámara, hacer fotos y grabar. Un kilómetro y medio de paseo de los que no se olvidan. Y un final de escándalo. Ese momento en el que las altísimas paredes que te rodean se van abriendo y te dejan ver, como si abrieras los ojos tras un sueño, el Tesoro, esplendoroso y brillante, es de esos momentos que se guardan en la retina para siempre.


Siq

El Tesoro es la parte más conocida de Petra. La imagen que todo el mundo asocia cuando piensa en este mágico lugar de Jordania. La fachada que inmortalizó la película Indiana Jones y la Última Cruzada. Ahí está, delante de ti y de otro puñado enorme de turistas atónitos. Y de camellos. Y de beduínos. Y de carromatos pasando… Y una pregunta que te asalta. ¿Qué habrá dentro? Y una respuesta que te chafa: pues nada de nada. La magia está por fuera.


El Tesoro

Pero Petra es mucho más que El Tesoro. Ir para allá y quedarse sólo con esa imagen sería no aprovechar el viaje. Petra es un lugar inmenso que necesitaría dos o tres días para poder disfrutarlo al máximo. Un lugar que abruma al descubrir que aún hay un montón de cosas enterradas por el paso de los años y por culpa de los terremotos vividos en la zona.

Hay un montón de rutas diferentes que puedes hacer según el tiempo y las ganas de caminar que tengas. Nosotros nos decantamos por subir hasta El Monasterio. E hicimos bien. Es un sitio al que hay que subir sí o sí. Antes, en el interior de Petra, tienes un montón de sitios increíbles que llamarán tu atención. Todo es fascinante por allí y si te gusta tomar fotos puedes tirarte un rato eterno.

Y luego están las ruinas romanas. Petra ha sido cuna de civilizaciones desde su origen y por allí pasaron unos y otros. Y los romanos dejaron su huella. Ciertamente tiene encanto el teatro y lo que por allí ha respetado el tiempo.

Justo al lado se encuentran también las Tumbas Reales. También construídas en la inmensidad de la montaña y que alcanzan su esplendor al atardecer siempre que no haya justo unas nubes inmóviles ahí paradas durante una hora como si las hubieran grapado al cielo… ¿verdad, Juan Luis?

Y luego a caminar. A trepar. A hacer trekking. A irse con unas buenas botas y a disfrutar de una ruta increíble. Una horita después, o un poco menos a buen ritmpo, tras ascender por espacios angostos, y superar miradores de los que invitan a quedarse para siempre, llegas a El Monasterio. Una construcción que poco tiene que envidiar a El Tesoro pero que tiene el handicap del paseíllo. Un sitio especial que además ofrece al viajero la posibilidad de pararse a tomar algo en un chiringuito que, curiosamente, es de una española.

Pero la ruta no acaba ahí. Se puede subir a “El fin del mundo en Petra“, un mirador espectacular con vistas inigualables del valle de Araba. Un lugar que recordaré siempre porque allí, casi sin querer, topamos con María, una canaria que se ha ido a vivir con los beduínos y que nos invitó a tomar té con las mejores vistas posibles mientras nos contaba su historia en una pequeña tienda en la que ayuda a vender souvenirs locales. Pero todo esto lo podréis ver mejor en el futuro… Merecerá la pena la espera.

Mientras, no dejes de ver los comentarios de Juan Luis en descubrejordania y, sobre todo, sus fotos casi extraterrestres. Eso es saber capturar los mejores momentos.

Ah, se me olvidaba. El tema de la comida en Petra. Sinceramente, lo mejor es que llevarse un buen picnic o similar. Una mochila con un bocata, un pan de pita que por allí está de lujo o algo similar. Comerás en pocos sitios en el mundo con esas vistas. Si no lo haces, como nosotros, siempre puedes comer en el buffet en Petra que tienen allí montado: pero, ojo. Es carísimo. Vale 17 dinares, unos 20 euros. Está bastante rico, es variado y es de comer hasta que te hartes. Pero lo cierto es que es caro de narices.