playa aqaba

Jordania termina en Aqaba. Una ciudad costera y limítrofe que tiene dos peculiaridades que la convierten en interesante (especialmente para los propios jordanos): tiene playa y es un puerto franco, por lo que allí se pueden encontrar cosas bastante más baratas.

Para efectos del turista, y del tipo de viaje que nosotros realizamos, lo cierto es que es una ciudad que se puede dejar obviar salvo que necesites un baño en la playa o seas amante del buceo. Como ciudad, tiene poco. Además, no tiene nada que ver con el resto del país. Está europeizada y, además, es una de esas ciudades nacidas casi exclusivamente para llenarse de turistas, por lo que tiene poco encanto.

Lo más curioso que tiene es su enclave geográfico. Justo donde acaba el Mar Rojo, allí se forma un golfo muy pequeño pero que todos querían por su salida al mar: Jordania, Israel, Egipto y Arabia Saudita se encuentran aquí a unos pasos.

Estuvimos en el Hotel Intercontinental de Aqaba. Un hotel bastante lujoso que tiene como atractivo fundamental su playa privada. El hotel es enorme y tiene buenos servicios, aunque tiene alguna que otra falta para ser un cinco estrellas, especialmente con el ruido.


Hotel Intercontinental Aqaba

Pasear por las calles de Aqaba es como pasear por, digamos, Benidorm o similar. Tampoco es nada espectacular, pero hay que hacerlo. Eso sí, si te pilla en plena fiesta, como fue el caso, lo normal es que te encuentres un montón de jaleo en las tiendas que al menos convierta el paseo en algo auténtico. De hecho, lo que hicimos fue aprovechar para charlar con la gente de la calle. Casi involuntariamente, terminamos hablando con unos chicos que regentaban una tienda de souvenirs y que, como casi todo el mundo por allí, eran fanáticos de la Liga de fútbol española. Uno del Madrid y otro del Barça. Charlamos un rato y comprobamos la espectacular simpatía del jordano medio. Y nos recomendaron un sitio (su vecino) para tomar algo rápido. El restaurante Al-Shami estuvo genial. No hay forma de saber su nombre, salvo que seas Juan Luis y me lo recuerdes en los comentarios (menudo crack), pero ciertamente merecía la pena.

Aunque la superficie con mar de Aqaba es pequeña y gran parte se la quedan los hoteles, lo cierto es que la playa de Aqaba también es pública. Allí es donde nos encontramos lo más soprendente de la ciudad. Era viernes y era Semana Santa árabe. Según nos dijeron, “todo Ammán” estaba por allí tomando el sol. Y no sé si eran de Ammán o de cualquier otra ciudad, pero la playa pública era sorprendente. Cientos de tiendas de campañas plantadas y miles de personas ocupando cada espacio posible en la arena. Un espectáculo increíble.

Si paseas por la zona marítima, al final terminas llegando al Castillo museo de Aqaba. No es ninguna maravilla, pero hay que acercarse hasta allí. Además, uno va como obligado orientado por la enorme bandera jordana que por allí ondea.

Así lo vio Juan Luis en descubrejordania.