Una de las grandes pasiones que siempre he tenido ha sido el fútbol. Desde muy pequeñito, mi compañía más habitual ha sido un balón. Cuentan mis padres que, con dos añitos, cuando en España celebrábamos el Mundial del 82, yo sorprendía a propios y extraños agarrando el periódico de mi padre, dirigiéndome hacia la sección de deportes y, señalando las fotos, balbuceando: Platini.

Por eso, cuando los chicos de Waskman me propusieron acercarme al estadio Vicente Calderón para participar en esta original campaña de El post imposible, no lo dudé ni un segundo. Y me da igual lo que se diga por ahí. Yo soy de los que creo en las buenas ideas. Y esta me parece una de ellas. Promocionar un producto como el modem de Vodafone convocando a blogueros a realizar cosas originales no me parece ni mucho menos algo reprochable sino, por el contrario, admirable. Que para hacer lo de siempre y con los de siempre ya están otros.

Así que hace unos días, en uno de estos días grises de invierno que estamos teniendo por Madrid, me acerqué al estadio del Atlético de Madrid. Un estadio en el que, por cierto, pasé bastantes domingos de mi infancia, que para algo quedaba cerca de casa. Allí me esperaban los chicos que harían posible las fotos y el vídeo que podéis ver por aquí y allí conocí también a Paula Rodríguez Calderón. Paula es familia directa de la historia viva del Atlético. Hija de Adelardo, jugador estandarte del club y nieta de Vicente Calderón, recorrer este clásico estadio de su mano fue una experiencia fantástica. Así que no tengo más que palabras de agradecimiento por su predisposición y, cómo no, por su buena compañía durante la visita. Visitando el Calderón uno se da cuenta de los especial que es este Atleti. No esperes lujos ni grandes instalaciones sino hospitalidad, cercanía, pasíón y hasta espíritu familiar.

La zona de oficinas, el palco, el palco VIP, los vestuarios, el museo… Daba gusto escuchar sus anécdotas: “Esta foto (preside el museo del Atlético) la descolgué de mi casa. Mi padre levantando la Intercontinental y mi abuelo, detrás, rebosante de alegría”.

Pero lo más chulo aún estaba por llegar. Salir desde el vestuario del Atleti por el túnel por donde tantas leyendas del balompié han desfilado y pisar el césped es un privilegio para los que amamos el fútbol. Recorrer esa línea de cal que llega hasta el centro con todo el estadio rodeándote te hace pensar en cómo ha de ser esa sensación cuando el estadio está lleno. Cuando decenas de miles de personas se dejan su alma gritando y cantando por ti. Jaleando. Aplaudiendo. Celebrando. O silbando… que la sensación tiene que ser “tela”.

Estar ahí sentado, en el centro del campo, escribiendo, fue una sensación de esas que uno se guarda para siempre. Sobre todo sabiendo que a ese estadio le queda tan poco tiempo de vida. Habrá que guardarlo siempre en la memoria.