pirámides

La primera cosa que hay que dejar clara es que viajar a Egipto supone madrugar mucho. Todos los días. Y cada día más. Así que, almas perezosas, o buscáis otro destino o a concienciarse.
A primera hora de la mañana, prácticamente cruzamos la calle y nos adentramos hacia las pirámides de Gizeh. Sin duda, la imagen más reconocida de Egipto, uno de los monumentos más fotografiados del planeta y uno de esos sitios que siempre figuran en las vistas de “lugares que hay que ver antes de morirse”.

Seguramente, el hecho de que sea la única de las “antiguas maravillas” que aún sigue de pie, ayuda bastante.

Lo primero que nos sorprendió era que no había mucha gente por allí. Es febrero, supusimos. Con el tiempo, veríamos que quizá fue azar o que al ser un domingo a primera hora tuvimos suerte.
Lo segundo fue ver las pirámides de cerca. Para ser sincero, uno se queda con extrañísima sensación de fascinación decepcionante. Y me explico. La idea de pensar simplemente en cuándo fueron construidas, en su inmensidad y en su grandeza, abruma. Pero al mismo tiempo, de cerca, parecen “feas”. Y que no se entienda mal, que son impresionantes. Pero al fin y al cabo la apariencia visual es de tierra caliza.

Aún así, la sola idea de pensar que uno está viendo las pirámides de Egipto es algo tremendo.
La historia de la civilización del Antiguo Egipto se resume en 30 dinastías de faraones que se dividen en tres grandes periodos: Imperio Antiguo, Imperio Medio e Imperio Nuevo.

Las pirámides fueron creadas en el Imperio Antiguo y, para hacernos una idea, hablamos de cerca de 2.000 años a.c. Son la evolución de una construcción funeraria porque, como sabréis, los antiguos egipcios creían en la vida más allá de ultratumba y enterraban a los faraones con todo tipo de lujos y tesoros con el fin de que allí pudieran llegar como se merecían.

Cuando uno se planta delante de Keops, Kefrén y Mikerynos, no puede dejar de quedarse mirando hacia el otro lado. El que no se suele ver en las fotos. Coño, que es que las pirámides están al ladito de las calles de la ciudad. Del ruido, de los coches, de la contaminación… De esas cosas que casi nadie sabe pero que son tan reales como la vida misma.

Lo mejor de la zona es, sin duda, la panorámica. Allí, tras subir un caminito hasta una colina cercana, se puede admirar de verdad la belleza del lugar, se olvidan por completo esas ideas de decepción y se pone en modo “on” el chip de “qué fuerte”.

El cómo fueron construidas con los medios que existían antaño y su espectacular técnica arquitectónica seguirá siendo una hipótesis indemostrable para siempre.

Desde allí, partimos hacia un lugar igual de misterioso y aún más antiguo. La pirámide escalonada de Sakkara. Como comentábamos, las pirámides son una evolución dentro de los templos funerarios que los egipicios utilizaban para enterrar a sus faraones. Hasta conseguir las pirámides perfectas (como las de Gizéh), hubo varias fases previas. La primera, la pirámide escalonada construida por Imothep, el arquitecto más reconocido de la historia egipcia. Y lo es porque no sólo construyó esta pirámide sino que, además, sus conocimientos sirvieron de modelo para la construcción de las posteriores.

sakkara

La siguiente parada fue Memfis. No la de Elvis o Pau Gasol (va, que ahora está su hermano Marc). No. La de Egipto. La que fue la primera capital de este gran imperio y que hoy alberga la enorme figura de Ramsés II, uno de los faraones más famosos. La estatua sorprende por su inmensidad y por lo bien conservada que se encuentra. Sólo le faltan las piernas.

De lo que fue esta gran ciudad, a día de hoy tan sólo ha podido ser recuperada, además de la gran estatua, una esfinge y alguna que otra representación más, especialmente de Ramsés II.

Después de una larga mañana, terminamos comiendo en el típico sitio al que los guías llevan a los turistas. La verdad es que se come bien, pero el restaurante Elezba viene a ser un sitio que se puede evitar. La comida es buena, pero terminas pagando precio europeo cuando se puede comer bien y más barato en las calles de la ciudad. Sí que es verdad que como ahí andas perdido en medio del desierto, terminas dejándote llevar para que todo sea más fácil.

El primer día, de lo más completito, terminó con nosotros dando una vuelta por El Cairo, de noche. Ya os contaré algo más de la ciudad, pero la primera impresión ya os la puedo dar: caos.
Eso sí, un caos que hay que conocer y que esconde más de un rincón magnífico. Como El Cairo Tower, un enorme rascacielos, que vale algo así como 15 euros y que ofrece las mejores vistas de toda la ciudad. Las vistas desde El Cairo Tower son fabulosas.

Como curiosidad, llegando al lugar, por las calles de El Cairo, nos enteramos de que acaba de haber un atentado muy cerquita, en el popular y concurrido bazar de la ciudad. Lo más increíble es que nosotros ni nos habíamos enterado de nada. Aunque parezca mentira, lo hicimos a través de Twitter, información 2.0 de primera mano.

Otro de los sitios que merece la pena ver es, sin duda, el Nilo en El Cairo de noche. Se puede incluso tomar un barquito para dar un paseo entre las iluminadas orillas del fastuoso río que alimenta Egipto desde tiempos ancestrales o entrar a cenar en alguno de los muchos barcos-restaurante de la zona.

nilo de noche

Nosotros, tras un buen paseo por allí, decidimos volvernos al hotel que al día siguiente había también mucho que recorrer. Nada mal para ser sólo el primer día completo en Egipto.