Tus rincones más Spoonch

15 Oct 2008 En: General

Como sabéis, esto de recorrerme el mundo me ha permitido descubrir un montón de rincones increíbles que he ido compartiendo con todos vosotros en minube.

Esta es una de las razones por las que acabamos de lanzar un concurso llamado “Tus rincones más Spoonch” con el que podéis ganar 6 espectaculares premios de 4 noches de hotel a elegir destino en todo el mundo cortesía de Sol Meliá por compartir los vuestros.

Como aperitivo, os dejo aquí el primero de los vídeos que vamos a preparar al respecto. Éste, con los chicos de minub de protas. Menudo lujazo de elenco…

¿Cuáles son tus rincones más Spoonch?

Visita de David Esteban (Flapy)

8 Oct 2008 En: General

Pues hoy ha sido un gran día. Ya os he contado varias veces que lo que más me ha encantado de esta vuelta al mundo ha sido conocer a gente tan increíble por todo el planeta.

Gente con la que espero seguir teniendo contacto para toda la vida. Amigos por el mundo. Como Flapy. Como ya conocéis a David, no me repetiré contando que es un verdadero crack (vaya, ya lo he vuelto a hacer…).

El caso es que David, que aprovechando su paso por España está de gira con la twittour (encuentro de twitteros por distintas ciudades de España), se ha pasado por nuestras oficinas para charlar un rato y conocer a todo el equipo de minube. Obviaré contar que anoche (martes, día laboral) le dejé en casa cerca de las 2 de la mañana (vaya, otra vez… me tendré que tomar la pastilla).

Pero vamos, que ha sido genial volver a vernos, recordar esa quedada de españoles en Japón, hablar de su blog, de minube y de tantas otras cosas.

Además, como él es como es, se le ha ocurrido regalarnos un espectacular juego de vasos de chupito muy japonés y una (aún llena) botella de Sake que se hace con oro (tremenda la historia). Ya brindaremos por él…

En plan anécdota, resulta que cuando nos estábamos despidiendo, hemos sido parados por una improvisada patrulla policial que bajo la sombra que ofrece una escopeta recortada me preguntaba con la ventanilla bajada que si mi coche era mío. A la respuesta “de que sí” la mano del agente ha empezado a moverse acompañada de un “adelante”. La reflexión posterior, pese a la veracidad de la información, ha sido: “¿Qué esperaba que le dijera? Algo en plan: no, señor agente. Mi coche es robado, mire usté”.

En fin…

Un verdadero placer. A ver si se van animando a venir para Madrid el resto de los visitados.

Lo que te cambia la vida

24 Sep 2008 En: General

Ayer estuve hablando, vía mensajería instantánea, con Rosario durante un buen rato. Casi sin querer, la conversación nos llevó un poco a pensar en lo que había supuesto para mí este viaje. Y me dí cuenta de que aún no me había parado del todo a pensarlo. Imagino que la vida va demasiado rápido. El tiempo avanza, veloz, y no es fácil pararse y analizar.

No he sido nunca amigo de los tópicos. Suelo presumir de salirme un poco de lo habitual, del borreguismo al que tiene la sociedad. Suelo presumir de opinión propia. Sin embargo, he de confesar que esta vez el tópico me ha ganado de vuelta: un viaje de estas características te cambia la vida.

Y no creáis que es fácil explicarlo, pero es así. Me siento distinto. Cambiado. No sé si incluso algo liberado. Como si hubiera tenido siempre una necesidad oculta de hacer algo así. Y no creo que sea algo relacionado directamente con el viaje en sí, sino con la oportunidad de contarlo.

Siempre me he considerado periodista de vocación. Desde muy pequeño. Siempre me he querido dedicar a contar historias. Una especie de monstruo interior me ha pedido siempre comunicarme. Contar. Crear. Y ésta ha sido una oportunidad absolutamente única.

Si además, todo eso, lo unes al hecho de haber podido conocer tantas ciudades, tantas culturas y, sobre todo, a tanta gente tan fantástica, creo que es más fácil comprender a qué me refiero cuando hablo de ser otro siendo el mismo.

Saber que tengo amigos por todo el mundo, saber que he conocido a gente que sé que cuando vengan a donde yo esté quedarán conmigo para tomarnos esa cerveza pendiente e incluso saber que el viaje ha terminado…

Creo que el monstruo ha despertado y que no será fácil echarlo a dormir.

La vuelta al mundo completa, también en ADN

22 Sep 2008 En: ADNtv

Estoy ahora en esos días de nostalgia que llegan tras el tiempo. Esos días en los que uno se da cuenta de todo lo que ha hecho. En esos días en los que uno se da cuenta de que hace ya dos meses que estuvo dos meses recorriendo el planeta. En esos días en los que uno se da cuenta de que volvería a liarse la manta a la cabeza de nuevo para realizar otra aventura similar…

Menos mal que hoy ya no tiene uno sólo los recuerdos. Dejé atrás nuevos amigos, nuevas culturas, nuevas experiencias y mucho material para revisar. Tanto, que aún, sinceramente, no me he puesto a ver lo que hice. No sé qué tal escribí, no sé qué tal de interesante quedó este blog, no sé cómo fueron las fotos que fui subiendo a minube, no sé qué tal quedaban los vídeos que grababa…

Pero si a alguno siempre le quedará París, a mí siempre me quedará Internet. Y a vosotros también. Y una gran forma de recordar este viaje, o de ver resumidamente qué tal fueron las cosas, es a través del videoblog de La vuelta al mundo 2.0.

Aquí tenéis el último capítulo.

Recuerdos

28 Ago 2008 En: General

casa rosada

Es increíble lo rápido que la realidad se convierte en historia. Es sospechosamente veloz la transición entre la preocupaciones y los recuerdos.

Si antes de irme lo que más oía era un “qué cabrón”, desde que he regresado lo que más preguntan es “qué es lo que más te ha gustado”. Y la verdad es que no es fácil contestar a eso. Lo que a priori parece una respuesta de lo más sencilla, a la hora de la verdad no creáis que hay una forma así instantánea para asimilar tantos momentos y decantarse por algunos. Son tantos días, tantas ciudades, tantas personas, tantos lugares, tantas preocupaciones y tantos recuerdos que el cerebro lo asume más como un todo que como algo independiente.

Sin embargo, según se va enfriando esa parte de la mente que amontona las sensaciones, poco a poco van saliendo a flote esos recuerdos inolvidables. Esos pequeños detalles que hacen que tu cabeza genere una especie de ránking de lugares selectos.

Mi ciudad favorita de las que he visitado ha sido Buenos Aires. Como contaba por aquí, seguramente haya influído en esa decisión inconsciente el hecho de mi pasión por cierta cultura argentina; no lo sé. Pero de verdad es que me llevé unas sensaciones fantásticas. De la gente, del ambiente, de las calles, de la vida… Seguramente, Nueva York se encuentra en el segundo lugar del cajón. Y creo que va ascendiendo poco a poco para ponerse casi a la par. Manhattan tiene algo especial que te atrapa. Y creo que el bronce es para Londres.

skyline nueva york

Pero no todo ha sido ruido y asfalto. Afortunadamente, he podido visitar lugares históricos y bellezas naturales que me han dejado de piedra. En este aspecto, la medalla de oro es para el Cañón del Colorado. Por la experiencia de sobrevolarlo en helicóptero y porque realmente es un lugar totalmente increíble. También me fascinó absolutamente el Cristo de Corcovado en Río de Janeiro. Estar ahí arriba, parado y mirando al infinito es de esas sensaciones que no se pagan con dinero. Y no me olvido de mi primer día en Bangkok visitando los templos y navegando por el río.

Cañón del Colorado

Uff… Recuerdos.

Comiendo por el mundo

21 Ago 2008 En: General

Uno de los grandes placeres para el viajero es ir descubriendo las delicias locales de cada lugar que visita. Vale, no he comido grillos, escorpiones ni nada por el estilo, pero sí que he intentado ir comiendo lo más típico de cada lugar y poder disfrutar así de una de las muestras culturales más relevantes de cada país visitando restaurantes.

En Zúrich, la comida más común es la alemana: salchichas, ensaladas variadas… Y uno de los platos más famosos es, sin duda, la fondue. Para lo primero, no puedes dejar de conocer Zeughauskeller. Es un sitio muy turístico, pero es de esos que nos encanta a todos: enormes jarras de cerveza y salchichas gigantes. Para lo segundo, te recomiendo Swiss Chuchi.

swiss chuchi

En Londres cierto es que en el ámbito culinario la cosa está más complicada. Y es que es cierto que la comida local no es especialmente sabrosa. Sin embargo, yo voy a levantar la voz para desmentir eso de que en Londres se come fatal. Más que nada, lo que voy a hacer es matizarlo: se come fatal si no te gusta la comida rápida o internacional. Porque lo que la capital británica ofrece es un surtido espectacular de restaurantes de lo más variados. A mí, que me encanta comer bocadillos paseando por la calle, eso de encontrarte una tienda de “ultramarinos” en cada esquina como que me encanta. O comer en Chinatown… O flipar con el espectacular restaurante Taro.

restaurante taro

En Bangkok uno está en uno de los templos de la comida internacional. Al menos, para mi gusto. La comida tailandesa ha sido, seguramente, el gran descubrimiento de mi viaje. Creo que es la más sabrosa que jamás he probado y creo que ha generado en mí una especie de adicción fatal. Esa mezcla de comida oriental tradicional (arroz, noodles, verduras…) con lo tropical (piña, curry, cacahuetes…) es espectacular. En Bangkok, si te la quieres jugar, la calle está llena de puestos que te venden comida. Si eres más de restaurantes, los tienes baratos y de gran calidad. Yo disfruté mucho, por ejemplo, en Ban Khun Mae o en Ad Markets, con música en directo.

restaurante ad markets

Hong Kong es otro lugar para comer bien. De hecho, realmente es que en Asia se come bien. Tengo un grato recuerdo estomacal de mi paso por este continente. Comida ligera y sana. Vale, es verdad que no es variada y que, por eso y porque uno termina siendo ya un gordo psicológico, al final terminas comiéndote entre medias un hamburguesote, pero realmente comí bien por allí. En Hong Kong lo más habitual es comer Dim Sum, aunque yo no pude probarlo. Es algo así como salir de tapas y a mí me faltaban compañeros de juerga por aquellos lares. Porque con Miquel y Nuria, mis anfitriones, me llevaron a otro par de lugares fantásticos. Un japonés con vistas y un sitio típico de comida local que fue espectacular. Recomiendo especialmente ponerse morado a tallarines de todos los tipos y colores.


Restaurante japonés Kio Hachi por pedroja

En Singapur tampoco se come mal, no. Sobre todo por la mezcla. Allí se junta lo chino con lo tailandés, con lo malayo, con lo indio e incluso con lo occidental. Por eso te puedes tomar de todo. Uno de los mejores sitios es la zona de Lau Pa Sat, donde te puedes tomar unos buenos satés y algun que otro plato impresionante e inesperado, como la raya.

restaurante tailandés singapur

En Tokyo uno sabe que tiene que tomar sushi. Aunque no lo haya hecho nunca (bueno, ciertamente lo probé por primera vez en Hong Kong). Pero si además te llevan a un sitio tan espectacular como el Waraziya no puedes hacer otra cosa que no sea alucinar. Otra cosa que hice así un poco al azar y que terminó resultando de lo mejorcito fue meterme en pleno barrio friki de Akihabara a comer lo que después me enteré que era Ramen. Yo sólo vi que allí había mucha gente trajeada comiendo, que había una máquina en la que, estando todo en japo, había que dar a un botón para que te saliera un ticket, y lo hice. Y estaba buenísimo.

ramen en Tokyo

El salto de continente fue también un salto dietético. Pasé de comer bastante sano a ponerme como un gorrino, básicamente. A partir de Brasil, empecé a comer en cantidades industriales. Eso sí, estaba todo riquísimo. En Río de Janeiro lo más común es comer rodizio. Más bien, ponerte ciego a rodizio. Buffette libre de carnes, arroces, pastas, ensaladas… Y todo sabrosísimo. Sin duda, si tengo que recomendar un restaurante por allí es sólo para valientes: el restaurante en la favela. Absolutamente recomendable.

restaurante en la favela

No creáis que en Santiago de Chile frené el ritmo. Allí lo más habitual son las carnes, así que allá que fui. Además, como siempre iba bien acompañado, me llevaron a algún que otro lugar especial. Me encantó el Bar Restaurante Liguria, un sitio fantástico para salir por la noche y tomar una cerveza acompañada de un buen sándwich.

restaurante liguria

El tema es que fue llegar a Buenos Aires y ya la cosa se puso tremenda. Lo de la carne allí es de órdago. Bifes de chorizo, filetes de todo tipo… Espectacular. Tuve la suerte de ir además siempre con tan buena gente que, además, las veladas fueron increíbles. La comida argentina es apoteósica. Por ejemplo, en el Spettus (mezcla de argentina con brasileña).

spettus

México es otro lugar fascinante para el buen comer. Uno se podría estar toda la vida comiendo burritos, tacos, fajitas o quesadillas. Y eso hice… Lo mejor por allí es lanzarse a comer en alguna cantina pequeñita de las muchas que uno se encuentra. Otra buena opción es sentarse en un restaurante algo más caro, como La Calle. En definitiva, si te gustan las tortillas y todos sus ingredientes habituales, el DF es un lugar en el que degustar buena comida.

restaurante la calle

Ya en Las Vegas uno puede comer lo que más le apetezca. Como cada hotel es casi como un país y dentro de él intentan ofrecerte lo más típico del lugar, es más que nada cuestión de apetencia. Lo mejor que me tocó a mí por allí fue el restaurante Trevi, en el Caesar Palace. Está claro que es un fake, pero mola estar ahí cenando como si estuvieras en Roma y, además, con unos platos que no tienen nada que desmerecer.

restaurante trevi

En Los Ángeles, curiosamente, todos me decían que lo más tradicional es la comida mexicana. De todas formas, la oferta gastronómica de la ciudad es muy alta, así que puedes tomar de todo. A mí me gustó mucho el Sidewalk, en el paseo marítimo de Venice. En plan comida rápida y tal, pero bastante rico y no demasiado caro para estar en primera línea de playa. Además, el paseo está muy animado y siempre hay alguien cantando o con algún espectáculo chulo.

restaurante sidewalk

En San Francisco es donde ya se puede decir que comenzó mi dieta típica americana: grasa por todos los sitios, hamburguesas enormes, tartas de queso gigantes… Eso sí, para variar un poco y gracias a Juan Pablo Puerta, pisé un restaurante vegetariano (así la conciencia se quedó algo más tranquila). Además, era de lo más original. Un sitio espectacular llamado Weird Fish.

weird fish

De ahí me cambié de costa y fui hacia Miami. Allí lo más típico es la propia comida americana y, cómo no, también la cubana. Uno de los sitios que más me gustó está en Ocean Drive y es uno de esos lugares mágicos que abren 24 horas. No sé qué tienen, que me encantan: el Jerry’s. Y un lugar así en plan franquicia que me gustó un montón fue Bubba Gump. Una pasada.

jerry's

La última parada, Nueva York, es otro de esos sitios, como Londres, en los que puedes encontrar para comer todo lo que desees. De todo tipo y a cualquier hora. No pudes dejar de comer hamburguesas gigantes, pizzas italianas, alitas de pollo… Eso sí, verás que en todos los sitios te dirán que son las mejores del mundo. O las más grandes del mundo. O las más típicas del mundo. Siempre son algo de lo más y algo del mundo. Yo voy a recomendar un chino espectacular y famoso, el Nyonya, y un sitio con unas hamburguesas tremendas: Silver Spurs, en el Soho.

silver spurs

Taxis del mundo

12 Ago 2008 En: General

taxis ny

En un viaje del calibre de este que he tenido la suerte de disfrutar, tienes tiempo y oportunidad de probar la mayoría de los medios de transporte existentes. Pero, cuando no tienes muchos días para disfrutar de las ciudades y has de ir corriendo rápidamente de un lugar a otro, es habitual utilizar el taxi.

Y el otro día me dio por reflexionar: he tomado taxis en casi todas las ciudades que he visitado durante estos sesenta días. De hecho, creo que en todas menos en Londres y en Tokyo por culpa del precio y en Los Ángeles y Las Vegas porque tenía coche de alquiler. Y, no sé, me parecía curioso contar un poco qué tal son los taxis y los taxistas de estos lugares.

En Zúrich son una pasada. Se puede pagar con tarjeta y los conductores son de lo más majo. De hecho, cuando iba hacia el aeropuerto para salir hasta Londres, la señora taxista resultó ser una hija de emigrantes gallegos que andaba por allí, así que además tuvimos conversación. Son limpísimos y no demasiado caros. Asumibles.

En Bangkok subirse en un taxi es toda una aventura. Pero aún más lo es subirse a un tuk - tuk. Los taxis son algo viejos y los taxistas están completamente locos (obviamente, esto es una hipérbole, que nadie se me enfade). El tema es que la circulación en la capital tailandesa es puramente caótica y vivirla como modo de vida debe de provocar ese cierto estrés que les hace saltarse todos los semáforos, saltar de un carril a otro sin mirar, dar frenazos bruscos… En fin, tremendo. Eso sí, están tiradísimos de precio. Por un par de euros llegas a casi todos los sitios (eso sí, puedes tardar una eternidad por el tráfico). Y recuerda algo importante: el regateo. Los taxistas te preguntarán al subirte que cuánto le vas a pagar, aunque no tengas ni idea ellos esperan un precio. Es su cultura.

En Hong Kong tampoco es que sean baratos, pero se pueden pillar para una necesidad. El aeropuerto está bastante lejos y además, como hay grandes puentes de peaje, salen caros. Como tienen por allí un metro espectacular, te recomiendo que lo uses, pero si quieres moverte por sitios cercanos y sin cruzar de la isla a la península, es una buena opción. Los coches están bien y lo mejor es si los agarras en una estación de tren o similar: se forman unas colas de lo más organizada, con gente regulándolas. Los taxistas son algo extraños; al menos los que me tocaron.

En Singapur los taxis son casi imprescindibles. Hace tanto calor que por la calle no se anda muy bien. Y el Metro, que está genial, no para cerca de todos los sitios. Siempre hay una estación estratégica en cada lugar, pero las calles son enormes y te puede quedar un rato para andar. Aún así, yo no pillé tantos, que me gusta andar, pero son bastante baratos y seguros. Los taxistas son algo secos. De hecho, cuando fui al Safari nocturno, el tío hasta se molestó: “Está muy lejos”, me dijo. En fin… También se podían pagar con tarjeta, lo cual se agradece. Y además van con GPS y con tarifa fija, así que nada de timos.

En Río de Janeiro los taxis están algo cascaetes, pero los taxistas son majos. Eso sí, tienen su peligro. Van hablando todo el rato por el móvil y van bien rápido. Pero te dan conversación. En cuanto a precio, son baratos. En general Brasil no es caro, y con los taxis ocurre lo mismo.

En Santiago de Chile los taxis tienen un precio normalito. Y los taxistas son majos. También influyó que era el primer sitio en el que hablaban en español, lo cual ayuda para comunicarse. Para ir al aeropuerto o viceversa te preguntan si quieres una especie de tarifa plana o si quieres correr el taxímetro. Pasan bastantes por la calle, así que es buena forma de moverse.

En Buenos Aires lo que más me sorprendió era que los taxistas eran casi maestros de historia. Te subías al taxi y te iban haciendo de guía, hablándote de la historia de la ciudad o del país. O preguntaban por España. El buen rollo era fantástico. Los coches estaban bastante bien y pasaban muchos por todos lados.

En México había dos tipos de taxi. Los oficiales y los “Escarabajo” verdes. Los segundos son piratas, pero más baratos. Subirse en ellos es una aventura casi como la de Bangkok: te sientas en el asiento de atrás, tiras del cinturón y te agarras porque van a todo trapo. No son especialmente baratos ni unos ni otros y, teniendo en cuenta el duro tráfico del Distrito Federal y las largas distancias, terminan saliendo por un pico.

En San Francisco no puedes dejar de pillar un taxi. Más que nada por aquello de subir y bajar esas míticas cuestas. Hay momentos en los que parece que vas a volar. El precio no es prohibitivo, los coches están genial y los taxistas son también majetes.

En Miami es donde peor recuerdo tengo de los taxis. Fundamentalmente, por el precio. Son carísimos. No te libras de 20 dólares por la carrera porque todo está lejísimos. Los taxistas suelen ser haitianos y a mí me costaba bastante entenderme con ellos a la hora de dar las indicaciones.

Y luego están los taxis de Nueva York. Es imposible no tomar alguno. Es como si te persiguieran. Están por todos los sitios. En Manhattan, de hecho, es posible que en un semáforo en rojo sólo te encuentres taxis amarillos parados. Los conductores los hay de todo tipo: hispanos, árabes, italianos, simpáticos, bordes… Suelen tener esa barrera en plan antibalas que impone un poco al español, no acostumbrado a esas cosas; y una pantallita para toquetear, ver las mismas noticias durante toda la semana, un mapa de la ciudad… Lo mejor que tienen es que también se puede pagar con tarjeta y que, además, tienen tarifas prestablecidas, así que tampoco te intentarán timar. Ah, y que basta que levantes el brazo para parar uno.


Taxis de Nueva York por pedroja

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36 entrevistas a emprendedores y blogueros

7 Ago 2008 En: Entrevistas, General

Sin lugar a dudas, como ya he comentado en alguna ocasión, lo mejor de este viaje ha sido la gente. Emprendedores, blogueros y aventureros relacionados, de una forma u otra, con este mundillo de Internet. Gente hasta entonces desconocida que ha llenado mi vida de nuevos amigos esparcidos por el planeta. Gente entusiasta, vital, apasionada, generosa, valiente y desinteresada. Gente de la que aprender con cada gesto y con cada palabra que me brindaron en sus entrevistas y que me han mostrado su mundo abriéndome hasta la puerta de su casa.

Gente a la que seguiré debiendo, por siempre, un enorme GRACIAS. Gente a la que espero en Madrid para cuando estén por aquí.

Muchas de estas personas me contactaron ellos mismos gracias a la grandeza de los blogs. Pero otros tantos los conocí gracias a los excepcionales amigos que nos echaron una mano, como Christian van der Herst o Juan Diego Polo o a que unos me presentaron a otros. Así funciona esto: buena gente.

Sesenta días de viaje por el mundo que me han permitido hacer 36 entrevistas que os dejo ahora aquí, agrupadas. Disfrutadlas. Me hubiera gustado poneros los vídeos directamente, pero me han comentado los chicos técnicos de minube que el navegador no lo soportaría.

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En La Ventana, Cadena SER

7 Ago 2008 En: General

Ayer por la tarde fui invitado a acudir al mítico estudio 1 de la Cadena Ser en Madrid. Allí, en La Ventana, estuve charlando un buen rato sobre la vuelta al mundo y sobre minube. Para mí fue algo muy especial. Yo me he criado escuchando La Ventana. Nunca olvidaré como, con 16 años, perdí una tarde de clase por ir a este mismo estudio a ver a Javier Sardá, en su mejor momento, haciendo en directo este fantástico programa. Vale, tampoco olvidaré que estaba en el estudio Aitana Sánchez Gijón y todo ayuda.
Pero yo, entonces, ya tenía claro que quería dedicarme a esto de contar cosas. Lo sabía desde niño. Aquel día aún me quedó más claro. Yo quería estar en ese asiento y delante de ese micrófono.

Más tarde fui un par de veces también a escuchar El Larguero e, incluso, hace un par de años, tuve la suerte de acudir para entrevistar a Paco González y Pepe Domingo Castaño y vivir con ellos una tarde de Carrusel Deportivo.

Ayer cumplí, por tanto, otro sueño. Aunque del lado contrario al imaginado en aquellos delirios juveniles, la experiencia fue magnífica. Ahí estaba yo, en ese lugar por el que han pasado a lo largo de los años tantas figuras de la radio española, tantas noticias contadas, tantas historias. En esa mesa “en U” al lado del piano negro. En ese micrófono amarillo, central, con la “pecera” enfrente. Con los cascos puestos y dispuesto a contar mis vivencias.

Podéis escucharlo aquí abajo.

15 ciudades después…

5 Ago 2008 En: General

Es increíble lo rápido que pasa el tiempo. Parece mentira que hace nada estuviera por aquí contando que estaba muy cerquita de tomar el primero de los vuelos que me iba a llevar a recorrer el planeta y que hoy ya haya regresado.

Hoy me apetece hacer algo así como un resumen de la aventura. Por si alguien se incorpora tarde y porque, así, mantengo frescos los recurdos; esos que se almacenan en cierta parte del cerebro y que, si no se estimulan, se terminan quedando a un lado entre tanta información. Y estos recuerdos no los puedo perder nunca. No los pienso perder. Jamás.

Ciudad 1: Zúrich

Todo empezó en Zúrich. Primera escala. Primer vuelo. Primera ciudad. Y las primeras experiencias. Buen tiempo y una ciudad que, iluminada por el sol, invitaba a pasear por ella. A hacer turismo en Zúrich. A esquivar tranvías y a ver el sol brillar en el río. Allí, además, tuve la suerte de poder acercarme a las oficinas europeas de Google y hacer una entrevista a Eduardo Manchón, de Panoramio. También pude conocer a José Florido y a Ana María Ramón, de Wolpy. Y quedé para charlar con nuestros socios de monnuage. Unos días la mar de completos que pude aprovechar al máximo antes de partir hacia la segunda escala, la capital del Reino Unido.

lago de Zúrich

Ciudad 2: Londres

Mi paso por Londres fue espectacular. Seguramente, sea uno de los sitios que más me haya llenado de todos los que he visitado. Lógicamente, influye el hecho de que el tiempo que tuve en la ciudad británica fue tan bueno como inhabitual. Y, por supuesto, la gente. En Londres no paré de encontrarme con gente. Recuerdo mi paso por allí como de un ajetreo constante. Apenas paré en el hotel. Turismo, entrevistas, más entrevistas… Apenas tuve un minuto para descansar pero lo cierto es que aún no lo necesitaba. Y el esfuerzo mereció la pena. Pude conocer a gente estupenda y aprender un montón de sus emprendimientos y de su forma de ser.

Pude hacer entrevistas en Last.fm y WAYN, acercarme a los mercadillos de Londres y entrevistar a Raquel, de Amazon y a mi nuevo amigo Matthew (un crack que me escribió durante el viaje continuamente para darme ánimos y envidia al contarme que estaba animando a España en Viena como un español más); pude conocer a Rubén y a Javier de Nestoria y a Raúl, de Yahoo, con quienes pasé una jornada fantástica y quienes han seguido esta aventura desde entonces, viví un domingo cualquiera por allí… Y me llevé en mi maleta unas sensaciones impagables sobre esa ciudad que aún perduran.
Noria de Londres

Ciudad 3: Bangkok

Del buen rollo de Londres di el primer gran salto del viaje. Doce horas de avión en un vuelo nocturno que me llevó a un continente que nunca había visitado: Asía. Y a un país que no dejó de sorprenderme: Tailandia. Recuerdo mi primer día por Bangkok como uno de los más especiales de todo el viaje. Recuerdo tener una sensación en el cuerpo como de sorpresa constante. De tener los pelos de punta. De darme cuenta de verdad de dónde estaba y de lo que estaba haciendo. Visitando el Gran Palacio, paseando sólo y en barca por el río, viendo templos espectaculares o montando en tuk-tuk bajo el diluvio. Y, cómo no, con Rosario. Una de esas personas que uno sabe que no encuentra todo los días y con la que pasé unos ratos inolvidables paseando entre mercadillos nocturnos, esquivando coches y sorteando zanjas en el suelo mientras nos perdíamos en alguno de los muchos centros comerciales que contrastan con la realidad social de las calles, con la otra cara de Bangkok.

Eso sí, para ser sincero, me fui cansado de Bangkok. Entre que a los dos días empecé a arrastrar el cambio horario y que uno termina algo loco por el enorme caos circulatorio y por el cierto estrés que produce ir paseando solo por esas calles, me fui pensando que creo que no tendría el valor que tiene Rosario para quedarse a vivir por allí.

templo Bangkok

Ciudad 4: Hong Kong

Mi primera intención era haber ido de Bangkok a Singapur y luego a Hong Kong para después terminar la gira asiática por Tokyo. Sin embargo, por problemas “logísticos”, no fue posible. Así, desde Tailandia avancé hacia el este y aterricé en Hong Kong. Que se supone que es China pero que tampoco. De Hong Kong tengo un buen recuerdo. El hecho de que todo estuviera en inglés también ayuda. Y si encima encuentras a gente tan maja como Miquel y Nuria, que te orientan, te ayudan y te llevan a sitios geniales, pues todo es mucho más sencillo. Además, me llevo en la mochila una de las mejores excursiones que he realizado en este viaje, la del Buda Gigante. También me acuerdo mucho de las fabulosas vistas que hay desde The Peak y del skyline de Hong Kong desde el paseo de las estrellas. Vamos, que me gustó Hong Kong.

the peak

Ciudad 5: Singapur

Pensar en Singapur se me hace extraño porque no sé bien cómo definir este lugar sin volver a repetir que es como una especie de parque temático hecho país. Pero es que es lo que tengo en la mente. Y, sin embargo, es uno de esos sitios visitados a los que sé que volvería y no me importaría, incluso, pasar por allí un tiempo viviendo. Imagino que a ello contribuye el hecho de que conocí por allí a un buen grupo de españoles que me lo hicieron pasar en grande, como Miguel García. Además, pude conocer personalmente a Wally López y descubrir lugares chulos para el turista como la isla de Sentosa o el Safari nocturno.

sentosa

Ciudad 6: Tokyo

Seguramente, Tokyo era una de las ciudades que más ganas tenía de conocer. Imagino que por lo exótico, por lo diferente, por lo legendario. Y no es que me decepcionara, pero se puede decir que me abrumó. Es una ciudad enorme y su cultura es tan diferente que pasar por allí, solo, cuatro días, es como sentirse un extraterrestre. Menos mal que estuve en magnífica compañía en la quedada española en Shibuya y puder disfrutar de una gran noche con Kirari, nuestro gran amigo David Esteban, Alain García o ungatonipon. Pero, vamos, que no es que no me gustara, eh. De hecho, fue fantástico pasear y quedarse loco por el barrrio de Akihabara y, además, uno de los mejores momentos de estos dos meses fue, sin duda, la puesta de sol en Odaiba.
odaiba

Ciudad 7: Río de Janeiro

Llegar a Río no fue fácil. De hecho, creo que fue uno de los días más duros de mi vida y, seguro, el más largo. Un cambio de continente que me exigía un viaje casi interminable y, cuanto menos, paradójico. Salí a las 18 horas de un jueves de la capital japonesa y, doce horas de avión después, llegué a Nueva York a las 18 horas del mismo jueves. Tres horas de espera y otro vuelo a Sao Paulo de 10 horas de avión. Otra hora y pico más, y el último vuelo a Río de Janeiro. 34 horas después que, a efectos reales tras los cambios horarios, eran sólo unas 15 horas. Y mi cuerpo, que ya arrastraba cierto desfase horario, adaptándose. Afortunadamente, lo hizo a base de Rodizio. Porque no de sol y playa. En Brasil me llovió constantemente pero, al menos, me respetó dos grandes momentos que me llevo como de los mejores que he vivido en este viaje y en mi vida: la visita a la favela de “A Rocinha” y la excursión al Cristo de Corcovado, una de las bellezas naturales más increíbles que jamás he visto.

Cristo de Corcovado

Ciudad 8: Santiago de Chile

De Santiago de Chile, lo primero que recuerdo es agradecer volver a hablar en castellano. No sé, como que uno lo echa de menos. Y lo segundo, y más importante, lo de casi siempre: la gente. En Santiago tuve la suerte de haber hecho verdaderos amigos nuevos. Gente emprendedora, joven, apasionada y agradecida. Gente como Nico, Camilo o Andrés, como Leo Prieto o a los chicos de Needish, que luego me ayudaron también por San Francisco. Por lo demás, no me hizo buen tiempo en la ciudad chilena como para poder disfrutar mucho de ella. Sus calles más céntricas, eso sí, me recordaban al Madrid donde crecí. Me quedaron ganas de poder disfrutar de la espectacular cordillera andina en un día soleado. Habrá que volver…

santiago de chile

Ciudad 9: Buenos Aires

Desde que he vuelto, cada vez que alguien (amigos, familiares, blogueros, algun medio de comunicación…) me pregunta que qué es lo que más me ha gustado del viaje, siempre que tengo que decantarme por una ciudad lo hago por Buenos Aires. Me fascinó. Quiero volver. Tengo que volver. Porque, además, pese a que me dejó emotivas sensaciones, no pude disfrutar de sus calles y de su vida al máximo. La razón, la fantástica gente que conocí y que me llevó a conocer a otros aún más increíbles. Mi estancia en Buenos Aires fue como si hubiera asistido a un máster en versión zip. Comprimido. Enlatado. Fugaz pero intenso. Aprendí en cuatro días más que en ciertos años lectivos. Y lo fue gracias a Julián Martínez y a Jordi Castelló (unos auténticos cracks junto a sus respectivos equipos y pareja), a Alec Oxenford, a Vanina, a Mariano Amartino, a Juan Pablo Sueiro… Y a la inestimable ayuda de Martín que me permitió dar una conferencia en CEMA y una charla en Nueva Escuela.

barrio de la boca

Ciudad 10: México DF

Desde Buenos Aires, otro largo viaje hasta México Distrito Federal. La capital mexicana es una ciudad enorme. Como tuve la suerte de estar alojado en una buena zona, en el centro, tampoco viví demasiado los tópicos sobre el caos, la inseguridad… Lo cierto es que mi paso por allí fue bastante tranquilo (salvando mis problemas de conexión a Internet. A partir de aquí fue como si agarrara una especie de infección cibernética que me complicó mucho la transmisión de datos). Y me llevo una gran noche con los twitteros mexicanos gracias al excelente anfitrión Raúl Ramírez, unas conversaciones interesantísimas con Nadia Molina y conocer algunos lugares fantásticos como el centro histórico de México o Coyoacán.

plaza del zocalo

Ciudad 11: Las Vegas

Para llegar a Las Vegas tuve que parar primero en Los Ángeles. De paso para luego volver. Allí alquilé un coche (típico americano, bien grandote) y me embarqué en mi particular “road movie”. A cuatro horitas de carretera está la ciudad del juego. Y de Las Vegas, aunque pudiera sonar raro en un viaje con tantos sitios visitados, me llevo un buen recuerdo. Es un sitio que, por raro, es interesante y atractivo. Cierto es que no me llama la atención volver. Para nada. Pero creo que hay que conocerlo, meterse en uno de los muchos hoteles con parque de atracciones incluído y dejarse llevar un poco por el ambiente. Además, Las Vegas tiene algo muy interesante: está cerca (volando, claro) del Cañón del Colorado. Espectacular sobrevolarlo en helicóptero.

Las vegas

Ciudad 12: Los Ángeles

Seguramente, el sitio más decepcionante de todos los que he visitado. Y eso que tiene cosas chulas. Su problema es que, en realidad, no es una ciudad. Son muchas distintas y unidas por enormes autopistas. Así que todo, absolutamente, hay que hacerlo en coche. Además, lugares como Hollywood son bastante tristes a la hora de la verdad. Pero, bueno, que luego hay zonas que molan como Venice, Long Beach o Santa Mónica. Y gente la mar de maja como Carlos Sánchez.

Venice

Ciudad 13: San Francisco

El cambio de Los Ángeles a San Francisco fue bastante notable. De ahí que yo diga que San Francisco no es California. Es una ciudad de lo más agradecida para el turista. Mucho más pequeña de lo que uno se imagina de tanto verla en el cine, pero con cosas súper interesantes que ver. Además, tras el intenso calor de Los Ángeles y Las Vegas, venía bien ese fresquito de por las tardes. Además, con esto de que San Francisco es la meca de la tecnología, pude conocer a gente de lo más interesante. Empezando por Juan Pablo Puerta (un crack de anfitrión), y siguiendo por Oskar de Needish, quien en mi paseo por Silicon Valley, me presentó a Wenceslao Casares, fundador de Patagon, o por Rogelio Bernal.

bahía de san francisco

Ciudad 14: Miami

La penúltima ciudad a visitar era Miami. Otro viaje larguito para cruzar, de costa a costa, Estados Unidos. Y la verdad es que no puedo guardar muy buen recuerdo de Miami. No tuve muy buena suerte: un primer hotel en el que lo pasé realmente mal y mi MacBook destrozado tienen la culpa. Además, Miami es un lugar enorme en el que es difícil moverse sin coche. Pero, vaya, que me llevo también haber conocido South Beach y algún que otro lugar chulo y, cómo no, a la gente. Como Marcelo Rivero. Pero si tengo que comparar Miami con algo, es con Los Ángeles.

ocean drive

Ciudad 15: Nueva York

La Gran Manzana. Sin duda, la ciudad que más ganas tenía de conocer. Y con razón. Nueva York es una ciudad espectacular. Y pese al estrés por no tener ordenador, mi recuerdo del final de viaje será inmejorable. Se trata de un lugar en el que dan ganas de vivir. Además, contactando con gente como Federico, Manuel o Ángel todo es más fácil. Pasear de noche por Nueva York, o subirse al ferry para la Estatua de la Libertad o caminar por el corazón de Manhattan es una forma fantástica de terminar una aventura de este calibre.

skyline nueva york

Acerca de este Blog

Esta es la historia de un sueño. Esta es la historia de una vuelta al mundo muy especial. El día 5 de Mayo nos embarcamos en una vuelta al mundo un poco peculiar, un viaje de 60 días donde vamos a conocer y compartir los maravillos rincones que tiene este mundo, gracias y de la mano de la comunidad de viajeros de minube y de emprendores y bloggers hispanos, que nos mostrarán sus rincones favoritos, aquellos que les sirven de inspiración, donde se relajan, donde se pierden, lugares para seducir, esconderse... Es la historia de minube.com, y de Pedro Jareño: socio de minube, periodista, viajero y apasionado de Internet y de las nuevas tecnologías. Esta es también tu historia. Bienvenido a la vuelta al mundo 2.0.


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